domingo, 15 de diciembre de 2013

30: Flotando en la bruma de los recuerdos

Cumplir 30 años.

Aquí, ante el teclado, soy un hombre diferente: la acumulación de todas las etapas que viví yace ya en mi piel, se profundiza en instantes en mi mente: algunos punzantes, otros satisfactorios, todos los matices de una vida que hasta hace pocos meses parecía rendirse con levedad a la inercia.  Para algunos pueden pasar desapercibidos, pero para mí la realidad de mi crecimiento, de mi permanente cambio, de mi envejecimiento y eventual caducidad, es más que una sombra proyectándose al otro lado de la puerta. Estoy en un punto en que las memorias de mi infancia se entretejen como nunca antes, con el tiempo presente.

Este último año ha sido una invasión de cada una de las etapas de mi vida, en mi momento presente. A veces algo extraño, de reencontrarme con personas, lugares y emociones que no reconocía o que veía remotos. Un proceso de sopesar mis taras y virtudes, de cultivarme un poco más, de desarrollar habilidades largamente pospuestas, de superar atrasos y de recomenzar mis proyectos más esperados, pero sobre todo de sentir y  recordar...aprender a sentir con serenidad, aprender a degustar con fruición los matices del devenir.

Veo pasar frente a mí los eventos de todas las etapas de mi vida, desde las cálidas mañanas jugando debajo de las cobijas de mi casa, con los rayos del sol filtrándose suavemente entre las hojas de un árbol de mango y yo, sobre mi cama: imaginando, creando mundos, una cualidad que creía perdida. Veo también las idas a la playa con la familia y mi amor por el aroma salino de los atardeceres, deseando inútilmente que el momento se prolongara. Los paseos y mi insistencia de visitar las iglesias, para llegar a la casa a dibujarlas y el muy peculiar hecho de decir desde muy temprana edad, con un convencimiento muy propio de mí, que iba a ser arquitecto. De mi insistencia en ayudar en algunas labores de la casa, que sigo disfrutando hacer. De mis dibujos, que le regalaba a mis abuelitos. Parece mentira que sean recuerdos tan remotos. El primer capítulo de mi vida fue como esa luz y esos sueños: un océano de vapor flotando sobre el mar y yo sobre él.

La perspectiva que dan los años es maravillosa. Me ha ayudado a recuperar las cosas que para mí han sido valiosas. Se ha dado cada vez que abro un álbum de fotos, o leo las cartas que me escribieron mis compañeros de escuela y puedo finalmente contemplar quien fui desde fuera. Hace poco me reencontré con un lugar donde fui una vez en mi infancia -acompañado esta vez de alguien que pertenece a esta etapa de mi vida- y mirando el mismo panorama, vi reflejados en el suelo mis pasos y lo lejos que he caminado. Ha sido una sensación que he experimentado muchas veces, con muchos encuentros, a lo largo de este año. Atrás quedaron los países que imaginaba y la tierra que sería fundada un 10 de diciembre del 2013, 21 años después de ser ideada. Mis sueños de ahora no son tan precisos ni los surca el sino de fatalidad que  hacía extremadamente frágiles mis sueños imperiales. Pero gozan de un aplomo que sólo el tiempo pudo darme.

A partir de los recuerdos y los procesos que vivo, este año ha traído una radiografía completa de mi vida. Con ella me di cuenta de lo lejos que estoy todavía de llegar a puerto. Con el diagnóstico, vinieron las primeras medidas para re-encauzar mi vida. Lejos de desesperar por la lejanía, me he hecho profundamente consciente del peso que cada pequeño acto y paso tiene en conducirme en la dirección que quiero. Los años me han hecho paciente, me han ayudado a dejar de exigir tanto la perfección. Con eso puedo decir, que  sé en qué camino me encuentro y que puedo percibir los cambios sucesivos en ese camino. Cambios que operan tanto en el paisaje que diviso, como en mi interior.

Y como los elementos de ese paisaje, las huellas que han quedado de cada momento con el tiempo se han ido desdibujando, para ser sucedidas por otras, pero no se han perdido del todo. Forman parte de cada patrón y contorno en mi ser, como los estratos geológicos, el contorno de antiguos corales en la roca. Mi vida se desenvuelve y con cada fotograma que observo, asumo que no puedo desperdiciar mi vida. Me doy cuenta que, en realidad, la vida que siempre he deseado es ésta, que debo aprovecharla pues en algún momento seré solo un legado, con las capas de mi historia lavadas por el mar.




martes, 2 de julio de 2013

Abandonando la espiral sobre el hielo

La vida está marcada indefectiblemente por encuentros y sucesos que lo hacen a uno ver tambalearse sus paradigmas y asumir de pronto responsabilidades nuevas. Para mí, los últimos meses, desde que conocí a L.b. han tenido ese efecto.

Se trata de un encuentro efímero, un amor que ha atravesado el cielo encapotado de mi falta de ilusión, estancamiento y derrotismo, lo suficientemente fuerte para  dejarme la certeza de que mi camino estaba extraviado y que requiero enmendarlo; pero lo suficientemente rápido para recordar que es un camino que debo asumir yo mismo, sin esperar que nadie me dé la tan esperada receta a mis males. También me enseñó a querer intensamente, pero con la certeza que hasta la más maravillosa etapa está supeditada a muchas cosas, la lejanía, por ejemplo. Que independientemente de si la relación llegue a superar la distancia de un océano en medio e inclusive la prueba del tiempo, sigo estando yo, solo, ante mis enormes desafíos irresueltos y mis procesos de cambio lo suficientemente lentos para probar mi franciscana paciencia a fondo.

Porque en primer lugar, he aprendido que saber y no practicar lo que se sabe, sirve de muy poco. Querer cambiar, pero resistirse a dar el salto, no evita los cambios, pero los conduce en direcciones que uno generalmente no desea e inciden en un desgaste adicional, desilusión y si uno escucha a los demás, cinismo. Me he engañado largamente pensando en los pasos que doy en mil direcciones al mismo tiempo, celebrando con triunfalismo haber cerrado un atraso tras otro, pero las cosas importantes siguen pendiendo sobre mi cabeza y sé que afrontarlas es lo que me hará más feliz, pero he carecido de la fuerza de voluntad para finalmente emprenderlas con la pasión que alguna vez conocí en mí y me diferenció tanto de los demás.  Yo, que en algunas de las peores épocas de mi vida, sobresalí en tantas cosas, ahora que soy mucho más fuerte, más curtido por la vida, más incisivo sobre las realidades de la vida, siempre tan profundamente cartesiano, organizado, detallista, he estado patinando alrededor del mismo hoyo de un estanque helado por ya mucho tiempo, atrofiándome y perdiendo el impulso.

El hecho por el que L.b. ha sido tan importante, no es el que haya aprendido mucho que fuese nuevo sobre la situación de la que estoy empezando a salir. Sino que me ha confrontado con mi parálisis, enseñándome que la solución de mi crisis no estaba en complejas ecuaciones, que esperaba poder resolver antes de salir del estanque, sino simplemente en un acto de voluntad que como todos los esfuerzos que he hecho hasta el momento, se nutre de cambios que he acumulado con el tiempo, pero fundamentalmente, de un solo acto.

Porque hay que poner las cosas en perspectiva, ciertamente no debí haber celebrado esos pequeños cambios y avances como si fueran el gran salto esperado, pero estos existen y me han llevado a ser la persona que soy hoy día. "Ya no puedes modificar los errores del pasado", me decía L.b. "éste es el momento que tenemos a nuestra disposición y en él cabe solo vivirlo". De pronto centenares de páginas de libros de auto ayuda se redujeron en una cápsula comprimida de realidad, que debí tomar finalmente, sin protestar, como es usual.

Lo mismo aplicaba para nuestra relación, que seguirá en la distancia, solo podíamos disponer de los momentos que compartíamos, de las palabras que decíamos, del pequeño sacrificio que por nadie más quise dar, del breve instante compartido en nuestras vidas que preludiaba una larga separación, quizás definitiva. Tomos y tomos de creerse realmente valedero de lograr los sueños que uno siempre ha cobijado, de empezar a darse de nuevo el valor que uno tiene, de no regalarse a quienes sencillamente no te aprecian ni te entienden, de desapegarse de las personas a las que sí les importas...y sin embargo, brindarles lo mejor de ti, me han sido dictados de una manera que finalmente entiendo y puedo traducir en acción.  Porque me volví experto en el arte de diagnosticar, pero no en el de resolver. Porque sabía, pero no entendía.

En cuestión de pocos días, la distancia va a imponer su ley, pero en mí está el hacer mi parte de mantener viva una relación en la que creo. Porque creo en mí mismo, en primera instancia. Y porque sigo en el proceso de construir la persona que quiero ser, pero para ello sólo tengo las herramientas a mi disposición en este momento, quizás escasas en lo externo, pero tan abundantes como quiera para las internas. Ese sueño de persona implica abandonar las convenciones de lo que es el éxito, de lo que debe ser en otras personas el ritmo de crecimiento, pero especialmente, no angustiarme con lo primero ni conformarme con lo segundo. Y para eso ya no estará L.b.

Por eso le agradezco, como ayer que lo último que nos dijimos fue un "hasta mañana", sabiendo que serán muchas mañanas, tardes y noches de este servidor contra su propia imagen reflejada en el espejo, luchando por salir del marasmo y corregir de una vez tantas sendas... Le agradezco ciertamente por su cariño y por su claridad de miras, por su deseo de dejar una huella en el mundo, que me recuerda quién fui, por su determinación envuelta en un manto de gran suavidad, pero igualmente contundente. Porque el encuentro que se dio un día en una reunión social, me ha despertado a la única verdad ya sabida: yo soy y seguiré siendo, mi proyecto más importante.



domingo, 7 de abril de 2013

6840°

Di una vuelta al círculo, para saber si encontraba al final del camino, algo que le diera sentido a mi recorrido. Me di cuenta que recorrer un círculo es una trampa que uno mismo se impone, con la esperanza de hallar algo al final. Supe que yo debía ser lo que había encontrado: el proceso, la ganancia interna, el cambio. No fue el premio a mi esfuerzo de contener la respiración y mantener el equilibrio de girar en torno a un mundo que ante mis ojos se abría en incontables tangentes hacia el infinito, que no quise seguir por temor a dejar el círculo. Yo era quien debía ser mi propio sentido, pero buscando algo indescifrable me descuidé y descuidé las cosas que amaba, la gente que alguna vez fue importante en mi vida, mi tiempo, cosas que nunca fueron ideales pero se han ido desvaneciendo. Ahora no las tengo, pero lo más importante, no me tengo a mí. Prescindo de mí y de mis medios para escribir estas palabras: seguí dando tantas vueltas a ese y otros círculos de su vecindad en una vana búsqueda, que llegó el punto en que solo existe lo que queda de mí, nadie más. Ahora soy la cáscara que cae al suelo al abrirse en busca de algo valioso, pero adentro no había nada, no había siquiera la savia que mantiene unida la vida, me volví eso: cáscara y vacío. Di la vuelta al círculo buscando...ahora voy de vuelta para ver si puedo recuperar algo de lo perdido, pero sobre todo, si puedo aprender a sentir el camino y con ese sentir, experimentar los cambios que alguna vez quise ver en mí.  O quizás, procurando pretender demasiado, aprender el modo de dejar de recorrer cada círculo que me encuentre tirado en el campo aparentemente enorme de mi devenir. En ese recorrer, me perderé quizás entre las pestañas que el sol dibuja al atardecer al descansar.

jueves, 28 de marzo de 2013

Cerró la tienda de baterías

Sí hay tal cosa como ser demasiado uno mismo. A mí de manera creciente me invade esa sensación. Porque por más que quiera, aquello que siempre creí pasa a ser una profecía autocumplida. Porque aunque no piense en ella y luche constantemente para cambiar mis paradigmas, su presencia se agiganta con cada sucesivo fracaso.

Desde la conclusión de mi último noviazgo, eso se ha vuelto de nuevo patente: los proyectos que nunca terminan de concretarse, la sensación de ser inadecuado ante las circunstancias violentamente cambiantes y las demandas "para ayer". Me pregunto si alguna vez tendré la fruición de un logro obtenido. Si alguna vez los cambios que trato de implementar yo mismo, me los creeré. Y de la vida adulta, ni hablar, he saltado al vacío desde mi zona de comodidad, pero no he terminado de tocar fondo, no creo que sea pronto, me aterroriza este grado de inestabilidad pero sé que es necesario. No creo que siquiera valga la pena el esfuerzo que he dado.

¿Y por qué no me la creo? Porque en realidad desde hace muchos años perdí el insuflo de vida que hace que las cosas valgan la pena. Ahora las cosas son porque sí, porque hay que sobrellevarlas, porque hay que dar el mejor esfuerzo, porque no puedo rendirme, porque muchas personas creen en mí y han puesto sus buenos oficios en darme la mejor educación, la sinceridad de sus consejos, las mejores oportunidades, empezando por la oportunidad de poder decidir decaer lentamente hacia la insignificancia y la extinción.
No porque cada neurona mía comulgue con la idea.

Es triste, pero yo ya di lo que debía dar, lo que podía dar con ilusión y certeza. Atrás quedaron las convicciones, atrás quedaron las llamas de un nuevo mundo que quise prometerme y prometer a los demás. Los sacrificios se prolongan indefinidamente, por lo que ni siquiera el esfuerzo obligatorio y la sonrisa que creí que procedía de mí mismo hacen algo para frenar mi enorme insatisfacción, frustración, desilusión y hartazgo con lo que se llama vida.

Quedo con estas palabras:

Sí hay tal cosa como ser demasiado uno mismo.
Solo espero que no me tome toda la vida
para terminar de enterarme.
Que cada neurona que me comanda explote en llamas de furia,
de comprensión de lo inevitable.
 No solo enterarme: comulgar, creer en eso,
que en el cielo en torno mío
las reverberaciones de mi grito
sean como las cuerdas vocales
de mi indignación.
No sé el porqué de mi autoconsciente ignorancia:
los signos han sido evidentes,
las cejas de la vida fruncidas, los gestos de incomodidad que solo yo
no he querido entender, la rapidez en el abrazo de despedida
y el resquemor de saberme incompetente.
Incompetente para vivir en sociedad, para alguna vez pretender
el compartir mi vida con nadie.
Porque yo debo ser mi todo y si no lo logro,
no lo seré de nadie.

miércoles, 27 de marzo de 2013

Physical debate










Como siempre me debato

entre las ansias de agarrar todo por su centro de gravedad

y el poder de realizarlo

me desdoblo en espera de multiplicar los minutos

cruzar las partículas cuánticas

y ganarle la batalla al rayo de tiempo/espacio einsteniano


hacía tiempo decía poseer poderes

para incrementar mis ganancias

hoy mis planes se hacen más y más pequeños

en espera de encontrar en las palancas

un punto de equilibrio que sé que no aparecerá.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Creo que estamos llamados a nacer no solo una vez y yo nací de nuevo


Nací por primera vez el martes 20 de diciembre de 1983 y no escogí hacerlo. Nací por segunda vez el viernes 15 de noviembre de 2002, hoy hace diez años y...tampoco escogí hacerlo. Sin embargo, si hubiera visto esa noche con la perspectiva del camino recorrido hasta el momento, que hoy diviso, no hubiese renunciado a lo vivido.

Fue el día que mis padres me sacaron del armario y me confrontaron con vehemencia por lo bajo que había caído. Pero no fue la única novedad que recibieron de mí en el curso de esa semana, parecía de pronto que la imagen del Esteban de notas sobresalientes, de premios académicos a nivel nacional e internacional, el Esteban obediente...demasiado obediente, se hubiera hecho añicos en el suelo...como me dijeron sin anestesia: había caído del pedestal. La realidad era que batallaba desde hacía años con las relaciones con la familia, predispuestos a ser hostiles a cualquier signo de mi adolescencia...o de personalidad, lidiaba con eternamente pésimas relaciones sociales, secretos que no podía compartir con nadie en casa y estaba de nuevo en uno de esos años de demasiados cambios que no podía asimilar, con el permanente clima tormentoso de mis pensamientos.  

Era mi primer año de universidad, estaba viviendo en Cartago, en casa de una señora "de confianza", de aquellas que tenían sintonizado a Jesucristo todo el día en el televisor y yo... cada vez más desencantado de la Ingeniería de Construcción que estudiaba, a pesar de las notas aceptables. El segundo semestre estaba cerca de terminar, bajo una presión abrumadora, pero me había dado la oportunidad de unas cuantas salidas nocturnas con algunos de mis compañeros en esa casa, no había ocurrido mayor cosa, no suficiente para distraerme de mis metas académicas (lo único que le importaba a mis padres en mi vida, según creía desde siempre) pero sí lo suficiente para abrir la Caja de Pandora.

De alguna manera se supo todo. Esa semana se respiró en la casa de doña Vicky un hálito de anticipación. Ella misma me confrontó por lo que se había conocido. Lo mismo hizo ella con mis tres compañeros de andanzas. El jueves tuve la oportunidad de respirar algo de la atmósfera de mi casa, pues necesitaba un documento que solo estaba allá y tuve que desplazarme del TEC a Heredia y volver en cuestión de una tarde. Yo rogaba no encontrar a nadie, pero vi a mi madre, no me habló, me traspasó con la mirada.

El viernes no había más opción que ir a la casa de regreso para el fin de semana usual...solo que este tendría que poner el cuerpo contra la marea que iba a reventar. Hice las vueltas de la universidad, me alisté con los libros que debía llevar y me armé de valor. En el camino barajé muchas opciones de escape  y pensé en todos los espantosos escenarios que me esperaban, el peor, por supuesto, la expulsión de la casa, pero no huí ni retrocedí, no quedaba otra opción que cumplir la rutina de cada viernes...no tenía adónde ir.

Llegué a las 3:30 a la casa y el tiempo flotaba, casi perceptible, en la sala de mi casa. Entraba una luz muy tenue, casi mortecina, por las amplias ventanas. Me encerré en mi cuarto, oí llegar a mi madre del gimnasio, pero todo parecía detenido. Ordené mis pensamientos y la lista de tareas restantes. Finalmente llegó mi padre del trabajo, antes de las 6. Me llamaron a la sala con una voz ausente. Los quince metros más largos que jamás he caminado.

Ahí estaban, sentados, con los gestos y posturas contraídas que esperaba. Esperaba la paliza usual, que cualquier nimiedad podía generar, pero no, sólo querían hablar...por el momento. Los argumentos parecían al inicio los esperables: de la manera en que yo estaba arruinando mi futuro, de lo desagradecido y rebelde que era, de las malas amistades, de la pena si los demás se enteraban, de la decepción que hasta mis hermanos sentían. De pronto, esos argumentos empezaron a cobijar temas que yo no sabía que estaban sobre la mesa, que no sospechaba en lo mínimo que sabían. Sí, se habían enterado también que yo era homosexual. Mi madre había acudido a mi mejor amiga y le había preguntado -en su desesperación- si había algo que pudiera ayudar a entender lo que pasaba por mi mente, y mi amiga se lo dijo. La única que lo sabía.

De repente me hallaba ante un mundo de sorpresas que hizo pedazos cada escenario, cada evento, cada causa anterior. Me hallaba ante la necesidad de defender aquello que recordaba sentir desde mis siete u ocho años, que sabía que era innato, que nadie había sembrado en mi mente. Y lo hice...no solo hablar lo que sabía del tema, que no era poco, sino en general...defender un punto de vista mío, por primera vez, ante mis padres. No solo lo hice, sino que con argumentos que parecían fluir con una facilidad que no conocía en mí, revestidos de una fuerza y convicción  que nunca había permeado nada salido de mis labios. Posiblemente no era Esteban en ese momento, el que sentía náuseas al hablar en público y mucho más, ante figuras de poder. Era una persona que nunca había conocido antes, que nacía dentro de mí.

Defendí lo que me importaba, que era aquello innato a mí. Lo demás...no me importó ceder en esos temas. Pero llegó el punto que ni la suma de mis padres pudo contra la ventisca de mis razones. Concluyeron con unas pocas sentencias, como para cerrar la represa momentáneamente: "nunca traiga nadie a la casa", "que sus abuelas nunca se enteren", "concéntrese solo en su carrera y hasta que la termine, no tiene permitido nada más". Ante la posibilidad de renunciar a mi ser y las ganas de descansar, asentí, no muy convencido. Justo en ese momento llamó por teléfono mi hermano Fabián y cortó la atmósfera de pesadez: yo intuía que mi sobrinito había nacido y así era. En ese momento, lo interpreté como la metáfora del surgir de una vida y el ocaso de otra... nada más lejano de eso.

Eventualmente me volvieron a hablar, el tema siguió siendo incómodo, pero fue reptando por sus medios y por los míos, hasta que supe de la aceptación de mi padre, posible gracias a las palabras de mi tía Rosa, su gemela. Con mi madre fue y ha sido mucho más difícil, pero ahora casi habla de eso con una naturalidad que aún a mí me asusta. Mis hermanos y muchas otras personas que lo han sabido desde entonces me dieron lecciones sobre la importancia de llevar con la frente en alto no sólo una parte de mí, sino cada ínfima parte y característica de mi ser...porque yo he tenido también que salir del armario ante mí mismo y aprender a valorar quién soy, no solo apreciarme en el espejo. El ser gay era solo uno de los armarios y de todos he tenido que salir sucesivamente.

Años después conocí a mi primer amigo de ambiente, de rebote supe que lo era, no existía nada como un radar para mí entonces y seguía pensando que había muy pocos como yo en el mundo. Volví a tocar el tema con mis padres para poder salir al mundo y esta vez fue más fácil. La salida a la sociedad fue muchas veces traumática para alguien acostumbrado a ser un estudiante, pero fracasos, malas experiencias, una nueva carrera, redes sociales, amistades como nunca había tenido y el solo hecho de crecer me han llevado a un punto muy distante del que empezó en esa noche terriblemente quieta.

Tres relaciones de verdad y una más que me hizo alcanzar las estrellas, un grupo de amigos de ambiente maravilloso (El Clan) y una nueva sinceridad después...puedo cuestionarme qué hubiera llegado a ser si no hubiera estado ese día en la posición que me encontré. Lo fundamental es que puedo ser la misma persona ante prácticamente todas las personas, desde mi mejor compa buga, o el Clan, hasta mi familia. No necesito máscaras intercambiables. Soy uno solo...hable o no del tema, no existe ya ese abismo de pretensión. Una persona sí,  una todavía llena de enormes desafíos por delante.

Y por cierto, sí llevé a mi ex a la casa y a todo posible lugar donde podía ir con él...y mis padres lo amaron (así como todos los demás).

miércoles, 3 de marzo de 2010

Del PRUGAM y otros demonios


¿Qué es mejor? ¿Una ciudad en la que las personas tienen acceso a espacios públicos de calidad o una ciudad en la que los proyectos inmobiliarios irrespetan con la connivencia política los espacios de equipamiento y esparcimiento de las personas? ¿Una ciudad que crece de manera compacta y ordenada por las áreas que tienen aptitud para usos urbanos o aquella que se extiende como una mancha de aceite de muy baja densidad, comprometiendo la competitividad, los recursos naturales y los valores ambientales y paisajísticos? ¿Una ciudad que crece a destajo de la legislación urbanística o con esta y de manera que las reglas son fácilmente violentadas o una donde impera la legalidad, donde cada parte cumple sus atribuciones y deberes? ¿una ciudad que integra a sus habitantes y les brinda de manera responsable los necesarios servicios urbanos y sociales o una que crece con condominios que poseen tapias monumentales, que no ceden su correspondiente parte de contribución a las municipalidades para obras públicas y que segregan y alienan a las demás personas? Por último, ¿es mejor una ciudad que crece pensando en el desarrollo sostenible, social, ambiental, económico o la ciudad en la que el interés privado prima sobre el de la colectividad y que lo que reina es la obtención de logros económicos a muy corto plazo?

Una respuesta lógica y comprensiva, al respuesta de la mayoría, sería que el mejor modelo es el primero, el de una ciudad inclusiva, solidaria, sostenible y competitiva, sin embargo ese no parece ser un criterio compartido por parte de los representantes de este gobierno (y en particular, del presidente Arias y la ministra de vivienda, Clara Zomer), así como de los sectores inmobiliarios todopoderosos escudados en las cámaras empresariasles y a los cuales los primeros responden, en relación a la reciente decisión de la ministra de destituir al director del Proyecto PRUGAM, Arq. Eduardo Brenes y al coordinador de ese mismo organismo, el arquitecto Tomás Martínez. Esto con la misma excusa de siempre: "reorganización", lo cual no esconde sino otra cosa que la usual intolerancia de este gobierno con la expresión de opiniones que son contrarias a lo mantenido desde arriba. Todo cuatro días después de que Eduardo Brenes se opusiera a la decisión arbitraria de la ministra (evidentemente asesorada desde la cumbre de las águilas) de extender en 200 metros el anillo de contención urbana definido para la Gran Área Metropolitana y que había sido basado en criterios técnicos sólidos, propuesto desde el Plan Gam de 1982 y respetado en el Plan PRUGAM del 2008.

Ahora bien, para entender mejor esto, es necesario aclarar si se piensa que esa extensión de las áreas con potencial de urbanizar es poco significativa, que se pueden señalar varias razones fundamentales de por qué esto no es insignificante. La primera que esta extensión parte de un criterio totalmente arbitrario, basado en un tecnisimo, el de que en 1982 el ancho de la línea con la que se imprimieron los planos del Plan GAM correspondía a 200 metros de ancho, de l0s cuales no se sabía si se podía urbanizar hasta el borde exterior o interior de la línea. Con base en los principios que basaban el plan, se entendió hasta este fin de semana que este límite era el borde interior, pero los sectores inmobiliarios siempre lucharon por eliminar esta restricción y poder urbanizar más allá de él y el gobierno actual se decantó por el lado al que naturalmente responde. Segundo, si se elimina esta normativa, se estaría incrementando un área no escasa, sino de gran cantidad de kilómetros cuadrados a todo lo largo de la GAM, abiertos a la rebatiña inmobiliaria y nada garantiza que esta luego se pueda modificar de nuevo en aras de extender las zonas de potencial residencial hasta donde se pueda, si es posible de Limón a Puntarenas, generando una ciudad extensa, poblada a baja densidad y sin infraestructura de transporte y de ningún tipo para enfrentar este crecimiento. Tercero, comprobada que esta es una extensión es arbitraria, cabe añadir que esta se haría sobre áreas ambientalmente susceptibles, zonas de recarga acuífera, zonas propensas a deslizamientos y otras que no presentan propiedades para la urbanización, como en el caso de aquel condominio en Moravia que se hizo antes de que se aprobaran los índices de fragilidad ambiental y que luego colapsó al primer temporal en una pendiente.

Cuarto, que si bien los sectores que defendían la extensión indicaban que lo hacían por la idea de que las tierras iban a ser escasas "podrían provocar que se genere un esquema de exclusión social hacia los sectores más vulnerables de la sociedad, por cuanto la tendencia del mercado se inclinaría, de manera innecesaria, a elevar los valores de los terrenos aptos para la construcción"1 , claramente esto no supera el ámbito de la excusa, puesto que siempre que un terreno se urbaniza multiplica su valor, en beneficio del propietario y del desarrollador, no de los "sectores más vulnerables"...las soluciones a los problemas de habitabilidad de la población más excluida pasa por otros aspectos que los implicados no quieren reconocer, no sólo por la disponibilidad (de por sí escasa) de suelos aptos para construir. Como se observa, este límite se trata de un criterio técnico que sólo puede modificarse a través de otro estudio técnico, como el señor Brenes reclamaba previo a su despido.

Por supuesto, esto es expresión de las mismas razones por las que este es un país subdesarrollado. El sector privado (el cual aquí no se pretende satanizar) puede invertir como quiera y en lo que quiera y el gobierno garantiza este sacrosanto principio de quienes lo llevaron al poder, eliminando todo tipo de restricción, consagrando tratos debajo de la mesa y participando muchos de estos funcionarios de gobierno en estos mismos negocios, todo ello por encima del interés común, del desarrollo sostenible, de la generación de una política beneficiosa para el común de la sociedad. En el caso del sector inmobiliario, es un negocio que tomaría jugosos réditos con las zonas de potencial agrícola y de protección ambiental, que encuentra en la planificación urbana y el ordenamiento territorial un estorbo a esos negocios y por tanto, pide las cabezas de los implicados. Se trata del mismo modelo de dictadura en democracia, donde las élites ilustradas deciden por el pueblo y en contra de este, sin el conocimiento del último.

Pero no siempre es así. En un primer momento todos los sectores implicados aplauden la necesidad de planificación urbana: se necesita proteger al ambiente y aprovecharlo de manera sostenible, crear infraestructura vial y promover medios de transporte masivo eficientes s e inclusivos, crear una ciudad integrada y con viviendas adecuadas para todos los sectores sociales, en lo social combatir la marginalidad y brindar servicios de calidad a todos los sectores, crear infraestructura y redes en zonas con potencial para ello y que garanticen mejores servicios, en lo económico evitar las disfuncionalidades y deseconomías urbanas, proyectando a la Gran Área Metropolitana como un polo de desarrollo en el ámbito latinoamericano, en lo legal organizar la estructura de funcionamiento del estado y la institucionalidad para garantizar la adecuada gestión de los planes urbanos regionales y locales. Todo basado en estudios técnicos (en el caso del PRUGAM, más de 20 externos y muchos más internos de la institución) que garanticen que las decisiones no sean antojadizas.

Eso hasta que alguno de esos principios técnicos afectan algún interés creado, hasta que algún proyecto habitacional en Barva, La Garita de Alajuela, Dulce Nombre de Cartago o Santa Ana que algún inversionista tenía en mente, está fuera de las áreas destinadas para fines urbanos. Eso por citar sólo uno de los muchos puntos que contiene el plan regional y a los que los "desarrolladores" se han opuesto ferozmente, al punto que hasta el momento evitaron su aprobación. No aprobar un plan regional que vendría a poner orden en la ciudad y generar un entorno más humano por un criterio de esos que se dan entre risas cómplices en una cena de 600.000 colones en Cerutti da mucho que desear de la escala de valores de los sectores implicados en una decisión como esta. Y si bien es cierto el plan ya recibió el visto bueno de la SETENA en términos de sostenibilidad ambiental- lo cual encendió más las alarmas para estos sectores- el propio gobierno evitó hacer una presentación oficial del Plan en el debido momento y ahora éste se encuentra esperando el dictamen final del INVU, institución infiltrada y sumamente vulnerable ante las acciones de cualquiera que quiera presionar sobre ella.

Como conclusión queda decir que un plan regional no es como un programa de televisión: uno no puede escoger la parte que más le guste y aplicarla. Un gobierno en el que pesa la prédica vacía, pero no las consecuencias objetivas de esa prédica; en el que un plan que traería grandes beneficios al sistema urbano ya muy afectado de la GAM es detenido por intereses creados a los que el gobierno responde telegráficamente, uno que brinda un peligroso legado que compromete el desarrollo futuro, violenta el derecho humano (de todas las personas) del acceso a un medio agradable, engaña con malabares mentales de baratija y expresa el pensamiento más reductivista, todo bajo la mayor apariencia de inocuidad, no es un gobierno que piensa en el beneficio de todos.

Es claro que los ejemplos de modelos de desarrollo empiezan a abundar...aún en América Latina, modelos que balancean los beneficios a corto, mediano y largo plazo, el potencial de desarrollo económico y a la vez el equilibrio de todos los sistemas urbanos, modelos que han sido una inspiración para el pensamiento de personas como Eduardo Brenes y Tomás Martínez y de todos aquellos que se deberán quitar del paso con fines espurios. Es claro que en esos lugares en Latinoamérica es donde el desarrollo económico del que tanto hablan los sectores inmobiliarios encuentra cotas más altas y con réditos permanentes y a largo plazo. Ahí, libres y a la vez regulados, es donde la planificación urbana y el ordenamiento territorial son ejercicios de equilibrio, en los que se busca que la totalidad de los actores (ciudadanía, sector público, sector privado, ambiente) tengan ganancias sin desmérito de los demás. Así las cosas, en un país en donde la libre expresión de opiniones enoja a los de arriba, en un país en que los criterios cortoplacistas y el clientelismo político (verdaderas causas de nuestro desarrollo) encuentran libre ámbito de reproducción, en donde a las instituciones y proyectos se les cortan los ámbitos de acción, en donde las decisiones de medianoche y la improvisación tienen su trono ¿qué se puede esperar del futuro?

Para darse una idea del punto en cuestión, leer: www.nacion.com/ln_ee/2010/febrero/25/pais2280526.html


1. CFIA opina sobre PRUGAM. www.cfia.or.cr/noticias.htm Enero 11, 2010.

sábado, 26 de julio de 2008

Para eliminar las cadenas y divisiones del pasado


La lucha por la aceptación de las uniones de hecho de relaciones de pareja homosexuales es una etapa más de la lucha por las libertades civiles. No hay duda de ello. Quienes quieren vernos como representantes de las amenazas sociales recurren a las mismas estructuras mentales por las que en la historia de la humanidad, se ha violentado a diversos grupos. La sola existencia de esta marcha de hoy sábado representa una concretización de ese pensamiento, enfocado en el odio, en la exclusión y en el etiquetar a personas o grupos como amenazas, en este caso, a la estructura social existente, a la "familia" (en este caso, un concepto específico de ella) y la "paz social" (cuando existen amenazas que estos mismos grupos no enfrentan, no siendo este proyecto de ley ninguna amenaza). Definitivamente crea la impresión de que no se trata de una expresión razonada de pensamiento, sino una unión de estereotipos, pseudorazonamientos, estadísticas y estudios pseudocientíficos y el mismo y viejo temor humano al cambio y especialmente, a la diferencia.


De los artículos y opiniones que se han puesto ya en este blog se extrae que, aunque bajo la superficie, bulle y se acrecienta el movimiento para que esta ley tan necesaria sea una realidad. Para eso no se necesita ni siquiera leer estos artículos, eso se experimenta a nivel personal cuando hablás con otras personas y estas te muestran su total aceptación a la homosexualidad. Cada vez más, se enraiza la correcta percepción de que esta es una más de las características que muestran la gran variabilidad de caracteres de los seres humanos, que cada quien tiene su propia orientación y vivencia sexual tal y como las personas poseen colores de ojos, de piel o timbre de voz característicos. El hecho que estas personas que se manifiestan en esta marcha no se den por enterados de este hecho, no le quita en nada su poder de verdad. La homosexualidad, simplemente es y ha sido en cada etapa de la historia de la humanidad. Podría ser trazada hasta los ancentros del ser humano y demás especies de la vida animal. Es más antigua que la Biblia y que los prejuicios. Y como parte de la naturaleza del ser humano, no puede arguirse ninguna ley natural o divina contra ella. Asimismo, cualquier persona con un mínimo de sensatez se dará cuenta que muchísimas cosas en las leyes bíblicas han perdido totalmente su actualidad, porque se trata de una gran normativa ideada hacia 3000 años para un pueblo pastoral. Quien se dé una vuelta por el levítico se dará cuenta que si se quiere cumplir la Biblia textualmente, se debería condenar a muerte a las personas que utilizan más de dos tipos de telas en su ropa, que comen cerdo o a los agricultores que rotan sus cultivos. Se trata de leyes, por ende, estrictamente contextuales, que se crearon en su momento con un propósito y que hoy día no se pueden esgrimir. Igualmente las cartas de San Pablo, que también se señalan como elementos condenatorios de la homosexualidad, se refieren a formas de prostitución de culto que se practicaban en la Antigua Roma. Para cerrar esta idea se ve que una expresión de amor de pareja consensuada y respetuosa entre dos seres humanos NUNCA puede ser considerada un delito, una enfermedad o un pecado. Para el que quiera más pruebas, Jesús nunca condenó la homosexualidad y no porque no existiera en su tiempo, sino porque al igual que otros temas, no había nada que decir contra ello.


La orientación sexual, las diferentes identidades de género, son características humanas que en nada añaden o quitan valor a la persona per se. Una persona homosexual (gay o lesbiana), transexual o bisexual tiene en principio tanta posibilidad de ser una persona de valor o una persona problemática como cualquier otra, la historia está llena de personas de nuestra comunidad que han dado valiosos aportes a la humanidad y no por el hecho de ser o no ser gay, sino por el hecho de ser seres humanos y de grandes dotes. Si se añade otro elemento a este razonamiento, se llega a saber que por la detestada presión social sobre personas de nuestra comunidad, se tenderá a sacar lo mejor de nosotros como personas al enfrentarnos a una realidad que nos margina como personas por una de nuestras características.


Por otro lado, la homosexualidad y las demás caracterícticas que he discutido han sido tradicionalmente los chivos expiatorios de la sociedad patriarcal, eurocéntrica y socialmente desigual. Se nos ha perseguido como en determinadas épocas se he defendido el "papel inferior" de la mujer, la esclavitud, el racismo, la agresión hogareña, el totalitarismo de las sociedades nazifascistas, el militarismo, la inquisición, etc. Eso me lleva de nuevo al punto de que esta es una lucha social necesaria, no se puede entender como algo por dejar para después, no se puede entender como algo accesorio. Se trata de una lucha tanto por garantizar derechos a las parejas de nuestra comunidad (derechos humanos que no se pueden disputar con argumentos de ignorancia), derechos a nuestro reconociemiento como seres humanos integrales y que se trata de una lucha por derribar los prejuicios y estructuras verticales de esta sociedad machista, de construir una nueva e inclusiva sociedad donde cada quien pueda demostrar su valía como ser humano y gozar de una vida social y sexual plena. Se trata de una lucha por la construcción de una nueva masculinidad y nueva feminidad, que se apartan de los preceptos vacíos y poses del concepto tradicional.

Es por eso que esta ley sería un elemento más de esta lucha, un buen comienzo para ir generando poco a poco el cambio cultural en Costa Rica que garantice que nadie sea juzgado sin ser conocido, que nadie tenga que vivir con miedo por ser quien es. Es una ley necesaria para cimentar un cambio que ya se está dando, aunque los organizadores de la marcha de hoy y sus seguidores no quieran darse cuenta (aunque no tengan reservas sobre recibir dineros públicos para sus fundaciones o apoyar tratados de comercio que claramente afectarán la "paz social"). Es un cambio que está derribando prejuicios y si bien nos concpetualizan hoy como los causantes de todos los males sociales y "morales", mañana se valorará el papel que hoy se tenga en proporcionar a las parejas de personas del mismo sexo los derechos que toda pareja tiene. Desde una perspectiva humana, la moralidad rancia y discriminatoria de estas personas es alarmante y se derrumba por su falta de argumentos; desde una perspectiva histórica los logros de hoy serán las proezas de mañana.

Ahora bien desde una perspectiva personal, no se puede pretender progresar en un país que mantenga conceptos medievales y siga señalando la diferencia (al inmigrante, a la mujer profesional, al joven, al homosexual, a la persona divorciada, etc) con la misma mediocre moralidad de la vieja Costa Rica. Tarde o temprano se tiene que cambiar y entender que la vida evoluciona a sus propios pasos y las abominaciones de otros tiempos se convierten en cosas naturales no porque sean más valederas que antes, sino porque los conceptos que sustentaban la creencia de esa abominación se mostraron como inhumanos y sesgados. Dentro de mi vivencia como un hombre homosexual, considero que esta ley viene a traer una pequeña demostración de que el peso de los hechos finalmente trae abajo las etiquetas. Dentro de mi vivencia considero a la homosexualidad algo que me ha hecho mucho más fuerte, que me ha demostrado que pudo salir adelante a pesar de los peores ambientes y de que es posible encontrar aliados y amigos que me aprecian por lo que soy, un ser humano integral, con virtudes y defectos. Esta ley eventalmente me permitiría compartir una vida de pareja satisfactoria en una sociedad abierta y más objetiva, pero por el momento me haría sentir confirmado y la autoconfirmación es algo que se requiere para seguir adelante. La gente gay, los bisexuales, las lesbianas y transexuales somos personas que sentimos y que luchamos y el destino bueno o malo de este país también depende de la forma en que nosotros nos podamos desarrollar como personas y de disfrutar de la libertad de no tener que ocultarnos sino de enorgullecernos por quienes somos. Esa es una cosa que nadie que apoye el inmovilismo y el señalar con el dedo va a entender.

Por una ley que garantice los derechos de las parejas del mismo sexo a disfrutar de los beneficios que merecen, mi total apoyo.

jueves, 17 de julio de 2008

The morning after








Me encontraba en lo que muchos fatalistas llaman the morning after. No era la mañana después de ninguna hecatombe nuclear ni sobrevivía al choque de un meteorito ni caminaba entre pilas de edificios en ruinas en una zona de un desastre natural, sólo vivía un momento estrictamente personal. Mi mañana después era bastante más trivial que las desgracias humanas. Tampoco era por supuesto la mañana después de casarme ¿?, de irme a otro país o de traer a mi casa un nuevo gato. No, era la mañana que me encontraba con otra parte de mi historia reciente, que es como todo, un rejuntado de momentos antiguos, de años pasados, de caras que había dejado de ver y he sacado del pozo de los recuerdos para volverlas actuales, cambiadas, actualizadas. Era la mañana (bastante somnolienta y débilemente iluminada por la niebla) después de la fiesta que organicé, la mejor de las fiestas.


Incréíble lo bien que me he sentado este año: el mejor viaje (a Cocles), la mejor relación (qué dicha que ya aclaramos las cosas que quedaron irresueltas), el reencuentro con el pasado, la práctica que se avecina, los mejores resultados de un semestre, el proyecto del condominio, etc. Pero esta fiesta viene a resumir muchas de las cosas que he vivido. Me encontraba de hecho la mañana después, muy mal dormido por pasar bajo los brazos de...y contemplaba cómo iba cobrando la vida la mañana.


Tengo la dicha o desgracia de ser muy contemplativo y mientras mi amigo Berny freía la tocineta no podia dejarlo de comparar con el tièmpo en espiral: veinticuatro horas antes estaba en la casa de mi hermano y mi cuñada cocinando. Dichosamente, la comida había sido un ingrediente del éxito de esa fiesta: tanto mi lasagna y las canastas con fruta que serví de postre como la ensalada y los dips de Berny y Janice. El otro gran factor de éxito había sido la gente: al inicio parecía que todo iba a fracasar, en términos de espíritu festivo y en el sentido monetario, pero luego la fiesta fue calentando, la conversación se desarrolló y la gente que no se conocía se fue integrando...de pronto eramos un grupo, comiendo, gastándole bromas a todo mundo, poniendo música y haciendo el ridículo de lo lindo, simplemente siendo nosotros. Eso me encanta, poder andar sin tapaderas, sin impostaciones. Y claro, hice que bailé para animar a la gente, pero la bailadota quedó para la noche...Y cuando nos dimos cuenta ya había pasado medio día y había anochecido, veíamos videos malos: la consabida Wendy Sulca y su tetita, Yasury Yamileth, El Conejito, Delfín Quishpe y sus torres estrelladas, la momia de la Tigresa de Oriente: ¡por qué en Perú y Ecuador puede haber música TAN MALA!!!!


Pasaba la noche y los que estábamos ahí nos dábamos cuenta de dos cosas: una, éramos los peores organizadores posibles, dos, la fiesta no había fracasado, ni siquiera en el aspecto financiero. Y entraban ganas de terminar la fiesta...en el lugar inusual al que llevaba más de un año de no ir...


Terminamos en un conocido club nocturno de San José, lo mejor fue la cantidad de gente conocida que vi, incluyendo a mi mejor amigo "no conocido", bailamos (esta vez sin la pena de que nos vieran), nos reímos, me pusieron globos en la cabeza, se tomaron los jelly shots que me correspondían por derecho y edad, hicimos acrobacias para mantener un mínimo de espacio entre nosotros, me ofrecieron "conocerme", en fin, no necesitaba salirme de ese grupo de amigos para disfrutar la noche. Fue genial.


La madrugada avanzaba ya. El carro en el que íbamos de vuelta corría en medio de una de las neblinas más densas que recuerde. La neblina le daba un aspecto místico a la experiencia, era volver, en medio del frío, sudados, a dar otro giro en la espiral. Era hora de volver, de pensar, de mirar hacia adentro y eso hice. Eventualmente volví a la cama, pero pensé en lo que había vivido este día: desde salvar una olla en plena erupción de aceite hasta besar, besar tiernamente, de pronto estaba semidesnudo, entre cobijas, sin poder dormir, pensando en la comida, en las luces de la disco, en las sillas en los costados de la sala, en la pobre de Sara despeinada, en el guacamole y el dip de salmón, en mis amigos, en la neblina...


Por algo había hecho esto, ya me había olvidado de las razones, me había olvidado que necesitaba este tipo de días. La comodidad y la estabilidad muchas veces aburren. Mi esfuerzo y mis dos días nómadas tenían sentido y me di cuenta al volver a la casa a ver las fotos, sonrisas por todo lado, pero la foto que lo concluye fue en el desayuno, satisfacción a pesar del sueño, paz, luz que entra suavemente por un costado de la sala, comida en la mesa -en parte nueva, en parte del día anterior-, caras de gente que no se conocía necesariamente el día antes y miraba satisfecha.


El sentido de esto: cambiar el rumbo de lo vivido y reescribir la historia en otro giro de la espiral.

jueves, 10 de julio de 2008

Homo sum et nihil humani a me alienum




El final del semestre significa el final de los impulsos que lo motivan a uno a tapar un hueco haciendo un bache, sin percatarse. De pronto estoy en vacaciones y estas no terminan de cristalizar, me he llenado de actividades para igualmente volver a evitar las discusiones, pero he dejado mi pobre blog en la soledad. Es por eso que escribo un poco para ir retomando el ritmo.

Alrededor del día del décimo aniversario del Colegio en el que estuve, el Colegio Humanista, ¿qué no decir? Por un lado queda la conciencia de que con los años me he convertido en una persona mucho más fuerte, determinada y segura, por el otro enfrentarse cara a cara a los rostros del pasado resulta a veces terapéutico, a veces traumático. Esa vez fue lo primero. Fue enfrentarme a las épocas en las que las inseguridades saltaban de mi mirada como ranas a pozos de furia. Hoy, ya cerca de la cuenta final de mi vida académica, enfrentado al pasado, no dejo de mirarlo con cierta ironía y a veces con inclusive la sensación de por encima de superarlo (cuando antes me cazaba) haber logrado integrarlo a la persona que soy hoy del modo menos duro posible. Hoy ese capítulo como otros tantos forma parte del archivo interior que raramente consulto no porque quiera evitarlo sino porque ya no siento las mismas cosas que antes, es como si fueran vivencias superadas y no porque las quiera omitir del libro de mi existencia como hay gente que borra capítulos enteros "porque no son bonitos". I embrace them.

Es curioso ver a las personas y notar que las divisiones que yacían en ese entonces y que eran tan verticales, no lo son ya tanto. En todo caso, ¿qué importa que lo sean, aún en sentido inverso? Sin embargo, siempre queda espacio para seguir desescombrando, para seguir apilando en el lugar que corresponda los restos de las experiencias de tantos años: el 85 % cronológico de mi vida que viví arrastrándome a pesar de que todo pareciera ser tan bueno: en efecto, por encima de los resultados académicos exquisitos, de las competencias y delegaciones internacionales y de la gente enorgulleciéndose de mi sin siquiera conocerme vivía como la estatua de pies de barro bíblica. Carecía de fundamentos, carecía de capacidades de aprender de mis experiencias, carecía del conocimiento propio y muchísimo más del de los demás como para apechugar con mis debilidades y fortalecer más virtudes que no fuesen las intelectuales.

Pero habían otros problemas: la soledad, la omnipresente soledad, los constantes conflictos con todo mundo y la multitud de secretos que no podían salir a la superficie. Es por eso que ese 15 de noviembre del 2002 fue el inicio de un antes y un después, no significaba en lo más mínimo que los problemas y los procesos que vivía terminarían, pero me obligó a enfrentarme a los dos mayores secretos, claramente el mayor de de la homosexualidad. Y los cambios serían muy paulatinos. Y luego se acelerarían. Hasta que finalmente el poder salir a la calle y mostrarme orgulloso por lo que soy no resultaría ser el horror de años antes. Y llego a hoy día: la gente a veces me destaca por uno u otro aspecto, a veces me odia (sobre todo por mi falta de disimulo de mi orgullo), pero ya no importa el sentido de vigilancia social como antes, ya no es relevante tanto lo que puedo aparentar como lo que puedo ser y hacer. Espero no inclinar el estandarte de mi vida, cada experiencia, cada trauma, cada pelea, cada triunfo verdadero o pírrico y cada paso adelante a pesar de tantas cosas: es parte igualmente de mi. No se puede renunciar. No se puede renunciar a las cosas que más me importan: el afán de perfeccionarme, la lealtad hacia mis amigos, la sinceridad, mi afán de excelencia, mi gusto por aprender más y más...son cosas que en la vida profesional se dejan de lado, se renuncia a ellas, se pretende que la persona que pueda enmascararse mejor es la más exitosa. Si uno no se conoce, si no sabe crecer, si no sabe defender lo que se es y si no se sabe aprender de los errores, ahí sí están las trampas.

Hoy día estoy de nuevo en un compás emocional: aquellas cosas que en cierto modo quería en cierto modo que articularan las diferentes partes ya no están. Es en cierto modo el grado de derrota que uno debe aceptar, no son luchas por las que pueda simplemente dejar de luchar, pero mientras tanto descubro que en cierto modo fueron el barniz, no el puntal. Y duelen, claro que duelen, son imprevistos cuando uno lo que más espera es tener un poco de estabilidad. Pero por mientras quiero seguir averiguando las posibilidades que me quedan por explorar y me va bastante bien. Por el otro hay días como hoy que uno se desacomoda un poco y necesita verter esos sentimientos. En cierto grado, insatisfacción, tanto de la buena como de la mala. Y eso me remite tanto a los años del colegio en los que conocí a la persona que más me ha acompañado en mi vida por más etapas que casi ninguna persona, mi adorada Mar. También a las experiencias más graciosas, al mentado viaje a Talamanca, a nuestros idiosincráticos profesores. Y por supuesto, al enorme aprendizaje que obtuve, definitivamente no hubiera entrado en la lucha social ni me hubiera asumido como el ser humano que soy si no hubiese asumido la frase del poeta, como propia: "Homo sum et nihil humani a me alienum"